LA RELACIÓN DE LATINOAMÉRICA Y LOS ESTADOS UNIDOS DESDE LA VISIÓN DE SALVADOR ALLENDE GOSSENS.


Freddy Sánchez Ibarra[1]

Estados Unidos, sin duda, ha tenido y tiene la mayor influencia (económica, política, etc.) en prácticamente todos los rincones del globo. Por su ubicación geopolítica América Latina vive esta realidad de una forma notoria, lo que otorga un valor excepcional a su estudio desde todas las diversas disciplinas y perspectivas, además, esta idea se refuerza considerando los actuales hechos en los que se percibe la actitud de EE.UU. con países del tercer mundo y la polémica suscitada por los nuevos y numerosos antecedentes de la intervención norteamericana durante el período de 1970-1973 en Chile. En este caso esta influencia es analizada desde la mirada del ex presidente chileno Salvador Allende a través de sus intervenciones en el Senado de Chile y de otros discursos de su autoría emitidos durante su larga y prolífica vida política. Constituye un aporte de excepcional valor por la importancia de su figura en la historia del país y por lo representativo de sus palabras para una época interesante y conflictiva, donde plantea algunas de las causas y consecuencias de la interacción de algunos países de América Latina voluntaria, o la más de las veces, obligada con la potencia del norte y los intereses de esta en la zona.

Los Estados Unidos de América y los países de América Latina han estado en contacto desde el siglo XVIII. Y desde fines del siglo XIX esta relación ha sido de vital importancia para entender la historia del continente americano, en especial en el siglo XX.

No ha sido una relación fácil, ya sea por las realidades internas de estas dos áreas, como por el contexto mundial en que se han desarrollado, especialmente, en el período de posguerra (1945-1990).

Con respecto a lo último debemos hacer mención al alineamiento que hubo que adoptar para enfrentar el problema que significó el surgimiento del fascismo en la primera mitad del siglo XX. El proyecto de Franklin D. Roosevelt que consistió en varios puntos como crear bases militares en diferentes lugares del hemisferio, cuestión que al final sólo se hizo en Brasil; tener acceso directo a materias primas y formar un bloque americano de rechazo a Alemania, Italia y Japón no se llevó a cabo en su totalidad. Se pensó que si no se aceptaba los países de Latinoamérica, por lo menos, darían la seguridad que se mantendrían neutrales durante la Segunda Guerra Mundial.

Obviamente el acercamiento entre EE.UU. y América Latina contó con todo el apoyo antifascista, en especial los sectores comunistas que querían colaborar en cualquier forma para hacer fracasar la invasión alemana a la Unión Soviética. Pero este apoyo dejó de ser efectivo una vez terminado el conflicto. Las críticas antinorteamericanas empezaron a emerger. América Latina pensó que EE.UU. (que a estas alturas se había convertido en la primera potencia mundial) colaboraría en la solución de los múltiples problemas sociales que padecía mediante una fuerte inversión en el continente, pero el cálculo fue errado y el país del norte volcó su capital en la reconstrucción de Europa (Plan Marshall) y Japón.

La aparición de la Guerra Fría además se hizo sentir en América Latina con la Doctrina Truman que pretendió lograr que el bloque latinoamericano rompiera relaciones con la U.R.S.S.; que se persiguiera a los comunistas; que se estableciera una alianza militar (lo que finalmente se logró con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) firmado en Río de Janeiro en 1947 que estableció que cualquier ataque a cualquier país de América Latina se considerara como uno realizado a todos) y finalmente que la Organización de Estados Americanos creada en Bogotá en 1948, especie de Naciones Unidas continental, sirviera para mantener la solidaridad y seguridad de la región.

Es en este cuadro en el cual se enmarcaron las opiniones del doctor Salvador Allende Gossens en relación con el país del norte.

Podemos ver una evolución en el pensamiento del ex mandatario chileno. Hacia 1948 las críticas de Allende a EE.UU. eran mesuradas, incluso nos atrevemos a señalar que sólo se refirieron al poco apoyo de esta potencia para con la región. En ellas no son detectables posiciones ideológicas muy marcadas.

Pero una vez desencadenada de lleno la Guerra Fría, las opiniones fueron radicalizándose hasta llegar a ser furibundas críticas, especialmente respecto del trato que EE.UU. dio a la Cuba castrista revolucionaria a partir de 1959 y como se han comportado los “imperialistas” en las siniestras y numerosas intervenciones en el continente del sur.

1.- LA SITUACION DE POSGUERRA A PARTIR DE 1945.

Durante los debates que se llevaron a cabo en Chile para ratificar o no el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que básicamente constituía alianzas militares entre EE.UU. y los países de la América Latina, Allende se mostró contrario a dar un espaldarazo a la política norteamericana de posguerra por la despreocupación norteamericana en cuanto ayuda económica se refiere.

Allende percibió que el sistema capitalista de EE.UU. había llegado a su punto cúlmine en su evolución industrial. El Dr. Allende consideró que había llegado a la etapa de transformarse en un capitalismo financiero, cuya presencia “imperialista” ejercería total control en las zonas de escaso desarrollo industrial, dentro de las cuales obviamente se encontraba América Latina. Aquí se advierte una clara influencia ideológica en su discurso, pero todavía su expresión es moderada.

Para ser más explícito y preciso en la emisión de su idea, Salvador Allende citó a Rómulo Betancourt (1): “En realidad, existen dentro del sistema panamericano, en el orden económico y financiero, dos grandes grupos: de un lado Estados Unidos, por sí solo un país continente… del otro, están las 20 repúblicas latinoamericanas”(2), E.E.U.U. un país continente versus 20 países disgregados entre sí que no alcanzan a conformar un bloque. Las diferencias de desarrollo eran terriblemente marcadas. Fue imposible para América Latina negociar o pactar como un todo cualquier acuerdo en términos de igualdad con el país del norte, y siempre cada país latinoamericano sufrió el fenómeno de la dependencia o de la inferioridad clara, que lo llevó a obtener pequeños beneficios en contraste con inmensas entregas que hizo de su soberanía, materias primas y trabajo.

En su discurso Allende planteó todas las dificultades existentes en las relaciones interamericanas, desde la paupérrima realidad y escasa esperanza de América Latina hasta las utopías expuestas que en nada cambian la actitud del supuesto hermano continental y socio del norte. EE.UU. no tuvo ningún interés de aplicar un Plan Marshall en esta zona, y entregó una solución nada nueva que Allende expresó en una especie de fórmula. Si América Latina “necesita ayuda económica y financiera, se la pida a los capitales privados” (3). De esta forma la inversión estadounidense no se tradujo en ayuda al continente, sino una mera extracción de materias primas en beneficio de intereses privados, vale decir, una regresión a la Diplomacia del dólar del Presidente Talf aplicada entre 1909 y 1913 y seguida por otros mandatarios.

Los préstamos norteamericanos que servirían para explotar las materias primas en América Latina fueron prácticamente nulos en contraste con préstamos que sirvieron: “para comprar viejos barcos de guerra…para desarrollar determinadas industrias que no sean competidoras de las industrias norteamericanas” (4). De esta forma, de ser ratificado el Tratado de Río lo único que ocurriría, según Allende, sería acentuar la situación de absoluto desmedro de América Latina con la prolongación sin término del subdesarrollo y sus problemas, cuestión que Allende, obviamente, no compartía. Por ello, frente al Tratado, Allende manifestó: “Nosotros nos abstendremos de votar porque estimamos que E.E.U.U., potencia que actúa en el plano mundial, obtiene con este tratado el máximo de beneficios que le pueden interesar, y completa -digámoslo así- toda la gama de su influencia en el panorama mundial” (5). Se puede señalar que además que América Latina no constituía un socio igualitario para Estados Unidos, como ficticiamente se quería mostrar, sólo era un hilo más de la “red imperialista” norteamericana en el ámbito mundial, lo que puede resultar obvio sólo al ver el rápido ascenso al nivel de primera potencia mundial desde la Guerra con España en 1898 y ratificado después de 1945 por parte de ese país.

A pesar de ésta “oscura realidad” percibida en su exacta dimensión por Allende, para él había una salida al problema. Allende cree que la desigualdad y sus efectos en las relaciones interamericanas pueden cambiar: “Sí, panamericanismo, entendimiento, asociación; pero dentro de un terreno de equidad, de mutuo respeto, de mutua comprensión, de conocimiento de nuestras realidades, de apoyo efectivo y real…” se ponen en práctica. En relación con esto Salvador Allende se muestra con un carácter utópico y no muestra una comprensión total del problema. Su diagnóstico es acertado pero las soluciones no. Cree que con “apoyo financiero-económico acorde con las necesidades del ritmo de vida de Latinoamérica.” todo se solucionaría, pero olvida que panamericanismo, entendimiento, asociación, equidad, respeto mutuo, comprensión, conocimiento de realidades, apoyo efectivo y real fueron propuestas por Woodrow Wilson entre 1913 y 1921, por Herbert Hoover entre 1929 y 1933 y por Franklin D. Roosevelt entre 1933 y 1941. ¿Y en qué quedaron las propuestas?. Wilson intervino en 5 países latinoamericanos violando todas sus promesas. Hoover en la práctica no pudo hacer nada por la Depresión de 1929 y Roosevelt que comenzó con éxito un vasto programa de cambio, pudo mantenerlo hasta que Japón atacó Pearl Harbor y el Presidente demandó y exigió la ayuda latinoamericana en términos que no se compadecían con entendimiento, respeto mutuo, apoyo efectivo, etc. Por el contrario, y así lo entendió Allende, América Latina “bastante ha entregado ya a las empresas norteamericanas” (6).

Como es claro, los socialistas y Allende se abstuvieron de votar favorablemente el Tratado de Río bajo estas condiciones, aunque saben que el tratado será aprobado. Una frase de Allende revela la causa fundamental de ello y hace olvidar su utopía “América Latina queda en las mismas denigrantes condiciones en que ha vivido a través de tantos años” (7).

2.- EL PROBLEMA DE LAS EMPRESAS TRANSNACIONALES Y EL GOBIERNO NORTEAMERICANO.

Las compañías norteamericanas se enclavaron fuertemente en Latinoamérica. Desde fines del siglo pasado y con el tiempo fueron conformando situaciones económicas, sociales y políticas que perjudicaron abiertamente a los países latinos. La extracción de materias tales como caucho, petróleo, cobre, plata, zinc, estaño y otras fue con escaso aporte a los productores. En contraste, las ganancias de los capitales foráneos fueron inmensas, y es obvio que las transnacionales defendieran como diera lugar sus negocios. De esta forma cualquier atisbo de progresismo en materia socio-económica por parte de los países productores que afectara, en cualquier forma, la inversión externa, debía ser abortada.

Esta realidad se veía agravada con el apoyo del gobierno de EE.UU. especialmente en las administraciones Truman y Eisenhower (1945-1960), lo que demuestra que las intenciones para con este continente no eran, ni remotamente, sinceras.

La situación fue denunciada y condenada enérgicamente por Allende, quien se refirió con especial ahínco al problema creado por la United Fruit Company en Centroamérica y el Caribe. La gran transnacional manejó esa zona a voluntad y esa situación nos sirve de ejemplo para establecer el grado de enquistamiento de estas gigantescas empresas particulares foráneas en América Latina.

Es necesario volver a insistir que los partidos de izquierda avanzaron de gran forma en Latinoamérica durante el período que va desde 1941 a 1945 como consecuencia del deteriorado panorama social que se vivía, la postración del desarrollo con su secuela de pobreza, miseria, falta de pan, techo y abrigo, analfabetismo, problemas de salud, etc. Cuando los bloques socialistas y capitalistas se unieron para enfrentar al “enemigo común”, el fascismo. Todo iba bien, pero con la Guerra Fría y después la persecución ideológica, especialmente del comunismo, que fue rápida y a veces muy efectiva en lo político, sin embargo ello no solucionó ningún problema social.

En 1954, en la X Conferencia Interamericana que se realizó en Caracas, Estados Unidos señaló el problema que significaba que el comunismo avanzara en Guatemala. Para contrarrestar dicho avance, pretendió sancionar en alguna forma a ese país.

Allende criticó violentamente la pretensión norteamericana En primer lugar, arremetió contra las empresas transnacionales, en especial la United Fruit. En segundo lugar, dirigió sus dardos contra el propio gobierno norteamericano por considerar que era capaz de imponer sanciones en un país que sólo buscaba reformar su economía para mejorar la calidad de vida de su población o sea, alcanzar el fin social último de todo gobierno: el bien común. Por otro lado destacó el apoyo norteamericano a las más abyectas dictaduras en la zona, no sólo porque no tocaban de manera lesiva sus intereses sino porque se oponían al comunismo. Por último atacó a la OEA y al sistema interamericano por su inoperancia y su calidad de mero instrumento del “imperialismo” norteamericano en América Latina y porque no le preocupaba defender la dignidad de los países del área ni resolver los problemas socio-económicos.

Tenemos claro que uno de los principios que con mas ahínco defendió el doctor Allende era el derecho fundamental de los países para disponer libremente de sus recursos naturales, y gozar de la suficiente autonomía para realizar las reformas que estimase convenientes para mejorar las economías y sacarlas del subdesarrollo evidente que era común dentro de América Latina.

Por ello, el accionar de la United Fruit era claramente contrario a sus principios más fundamentales.

La transnacional se había adueñado del recurso frutícola en casi un 80% en 9 países de América Central y el Caribe, Allende lo denunció diciendo que “: …posee más de 500.000 acres de las mejores tierras en más de nueve países en el Caribe… ” (8). Más adelante entregó algunas estadísticas escalofriantes que demostraron el poder y el enquiste de esta empresa en la región y como la transnacional obtenía beneficios ilimitados en contraste con la nula ganancia de los países productores y la dramática situación social del pueblo de los nueve países.

En segundo lugar para Allende el problema máximo que provocaba la United Fruit era actuar como tope o impedimento permanente para la evolución económica de la región y señaló que “: … me parece indispensable destacar lo que son las grandes empresas imperialistas y como ellas “controlan” la vida política y económica de los pueblos.”(9).

En 1944 fue elegido Presidente de la República en Guatemala Juan José Arévalo, político de izquierda partidario de introducir reformas económicas y sociales y “En esa ocasión, ya la United Fruit manifestó su resistencia provocando cesantía y sustrayendo las entregas oportunas del impuesto que recaudaba en sus ferrocarriles y que el Gobierno destinaba a obras sociales. Retuvo lo que recaudaba y, además, trató de estrangular económicamente al gobierno del Presidente, doctor Arévalo” (10). El gobierno guatemalteco sólo quería que se aplicara el Código del Trabajo dictado hacia un tiempo atrás que en cierta medida pretendía regular a las grandes empresas.

Las palabras de Allende fueron claras y demostró la intervención palpable de la transnacional y como una empresa puede transformarse en fuerte traba para que fluya libremente la vida de una nación independiente, sólo con la oposición y no cumplimiento de normas internas que todos los países tienen derecho de aplicar y hacer cumplir en su territorio. Para justificar este tipo de acciones las transnacionales tildaban de comunista a sus opositores, lo que satisfacía al Departamento de Estado.

Lo anteriormente descrito fue sólo un pequeño impasse, porque lo realmente conflictivo emanó de la aplicación de la ley de reforma agraria en 1954 que permitió expropiar a la United Fruit 83.000 hectáreas de tierra que no cultivaban en ese momento. La expropiación de las tierras de la United Fruit se hizo durante el gobierno de Jacobo Arbenz con total cumplimiento de las leyes guatemaltecas, pero a pesar de ello surgió una fuerte protesta del gobierno norteamericano a través del Departamento de Estado. Para Allende esta constituyó un atentado claro y explícito a la soberanía guatemalteca, nación que “… brega por sacudirse de la etapa de explotación colonial…” (11).

Allende calificó de insólita la reacción norteamericana en contra de la decisión de expropiar parte de los bienes de la transnacional. “La ley de Reforma Agraria de Guatemala (dijo en el Senado) es una ley general, en la que no puede haber discriminaciones, que se ha aplicado a todos los terratenientes guatemaltecos. Es absurdo pretender que una ley dictada en el ejercicio legítimo de sus atribuciones y derechos por el Parlamento y Gobierno de un país soberano e independiente, no se aplique a la United Fruit.” (12). La United Fruit Co. pidió una indemnización al gobierno de Guatemala de unos 18 millones de dólares al contado en circunstancias que a los terratenientes nacionales guatemaltecos expropiados se les pagó en bonos.

Allende estimó que estos hechos había que denunciarlos para evitar que se produjera un nuevo ingreso de capital foráneo con intenciones similares a la ya señalada y para que los países del continente tuvieran conciencia de que había que actuar ante actitudes como la adoptada por la transnacional. Igualmente Allende pretendía impactar en la opinión pública de los EE.UU. para que tomara conciencia de lo que significaban las transnacionales como la United Fruit. Además Allende consideró al gobierno norteamericano como culpable del retraso de la región y sentía que el pueblo estadounidense era absolutamente ajeno a tal situación y por ello se preguntaba “¿Será necesario una vez más declarar que no somos contrarios al pueblo norteamericano, al gran país del Norte? Me parecería absurdo tener que insistir nuevamente que no es esa nuestra actitud” (13), pero con énfasis señalaba que había que evitar: “… que el pueblo de la República del Norte vaya tras las sucias banderas de la United Fruit Company” (14).

Hasta ahora la crítica del Dr. Allende iba dirigida directamente a las transnacionales, pero cuando la intervención de estas aumentó y fue justificada y defendida expresamente por el gobierno norteamericano, la actitud del legislador chileno cambió.

Es fácil probar que Estados Unidos no ha comprendido la realidad latinoamericana (15), por ello se produjo la paradoja de que por un lado fue capaz de apoyar a las más atroces dictaduras en la región centroamericana y caribeña, sólo por abrazar el anticomunismo, y por el otro de preocuparse de frenar movimientos progresistas en Latinoamérica, ya fuera porque estaban en directa oposición con los intereses de sus connacionales o simplemente por considerarlos de izquierda.

Guatemala en este sentido fue paradigmática. La conmoción que provocó la situación de ese país fue intensa en el ámbito regional y Salvador Allende, como lo denunció en el caso de la United Fruit, dió a conocer sus reflexiones con respecto al rol del Departamento de Estado norteamericano.

En la mencionada Conferencia Interamericana realizada en Caracas, el gobierno de EE.UU. hizo presente que el problema que se suscitaba en Guatemala tenía su raíz en dos aspectos: primero, Guatemala al realizar las expropiaciones a tierras que pertenecían a la United Fruit Co., con motivo de la aplicación de reforma agraria, no cumplió con indemnizar de “forma debida” al “trust bananero”, y por lo tanto existía un vicio que denunciar, segundo, se acusó a Guatemala de estar en una verdadera carrera armamentista apoyada por el comunismo internacional, principalmente soviético, que convertiría a ese país en un peligro para la zona del Caribe.

El problema que emana de la indemnización mencionada anteriormente, es una manifestación que una empresa transnacional de esa magnitud no entregaba “patrimonio” de buenas a primeras, aunque constituyera el derecho de toda una nación. Lo que resultaba insólito, especialmente para Allende, era que considerando que el proceso de reforma agraria era una de las soluciones más frecuentemente propuestas por organismos como la OEA y Naciones Unidas para sacar a América Latina del subdesarrollo económico en que se encontraba “… el Departamento de Estado norteamericano ha apoyado a la United Fruit en sus reclamaciones” (16).

Creemos que la acusación destinada a mostrar a Guatemala como un país en una fuerte carrera armamentista no fue más que una justificación para atacarla por sus decisiones en cuanto a la soberanía reclamada respecto de sus materias primas.

De esta forma Guatemala fue acusada de “avanzada del comunismo soviético en el Continente Americano”, “base de submarinos soviéticos” (17), etc. Allende aceptó el hecho que Guatemala había recibido armas de procedencia no norteamericana, pero ésta situación se debía a que el país del norte se había negado a venderle armamento al país caribeño.

El problema en las relaciones entre Guatemala y Estados Unidos tuvo otra dirección y aún mayor profundidad. Primero, Estados Unidos presentó a Guatemala como un foco soviético que ponía en peligro al continente americano y especialmente a un punto estratégico como el Canal de Panamá. Para Allende esta idea era absurda, la defensa de un punto estratégico de un pequeño país caribeño, estando en ese momento, latente el peligro nuclear en el mundo, era una excusa irracional. Hasta ese momento ningún vecino de Guatemala había denunciado una carrera armamentista que pusiera en peligro su integridad. No lo habían hecho México y Belice, que eran vecinos directos. Por otra parte bastaba echar un vistazo a las cantidades de armas que compraban los demás países centroamericanos y caribeños para darse cuenta que la acusación en contra de Guatemala era poco seria.

Inteligentemente Allende presentó la gran paradoja: EE.UU. la primera potencia mundial, tenía temor de una pequeña república abrumada por una enorme cantidad de problemas internos. Por lo tanto, la culpa de esa injusta y abyecta situación tenía su raíz en los intereses privados norteamericanos que imperaban en el país centroamericano y que se sintieron atacados por las reformas sociales iniciadas por Arévalo y Arbenz.

La situación de Guatemala se agravó aún más con la intervención militar que se llevó a cabo en contra de ella. Al momento de nacionalizar la United Fruit Co., Jacobo Arbenz, no captó que la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA) había entrado y planificado una invasión al país centroamericano.

Fue así como la CIA creó dos ejércitos en Honduras y Nicaragua, que en su momento se dijo que estaban compuestos por exiliados guatemaltecos, siendo sus componentes en su mayoría mercenarios, que obedecían al Coronel Carlos Castillo Armas.

Estos ejércitos combinados penetraron fácilmente en Guatemala, depusieron a Arbenz y lo deportaron a España. Posteriormente Castillo Armas tomó el poder y decidió entregar las industrias nacionalizadas a la United Fruit Company (18).

El descrédito de Estados Unidos en América Latina fue inmenso, de todos los países y sectores políticos se rechazó esta intervención, incluso los pro-norteamericanos. El Departamento de Estado se encontró desorientado. Es claro que no entendían los problemas latinoamericanos.

Allende se refirió a esta intervención, en primer lugar para señalar lo falso de la “carrera armamentista” de Guatemala al señalar “Prueba de que este país no está abastecido por la Unión Soviética, es el hecho de que sea incapaz de repeler los ataques aéreos de los insurgentes, pues no tiene aviones. Hemos hecho presente que, desde Honduras se ataca a Guatemala”. Por otro lado, para presentar la confabulación que Estados Unidos junto con Nicaragua realizaron en contra de Guatemala señaló de este último “¿Dónde está el respeto a los compromisos internacionales?…Este es el Gobierno a quién Estados Unidos ha armado en contra de Guatemala” (19).

Guatemala fue un buen ejemplo de una situación que se dio en gran parte de América Latina (20), además de ayudar a desestabilizar y derrocar gobiernos, colaboraba y ayudaba a gobiernos de corte claramente dictatoriales, con la única condición que no atacaran los intereses de sus connacionales y fueran declarados anticomunistas.

Brasil vivió esa realidad. Anteriormente* señalamos la crítica que el Dr. Allende hizo frente al golpe de estado que acaeció en ese país, pero en esa oportunidad nos limitamos sólo a señalar su opinión con respecto a esa realidad y sobre los actores internos que en ella participaron. Ahora señalaremos como Allende se refirió a la intromisión del gobierno de Estados Unidos en el golpe brasileño y el posterior apoyo a la junta golpista.

El Dr. Allende, en su momento señaló al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, a la sazón Gabriel Valdés Subercaseaux que “no apreciaba lo que es y ha sido la nueva política desatada por el Departamento de Estado para defender los privilegios y ventajas que ha alcanzado Norteamérica en los países subdesarrollados de América latina”. E.E.U.U. era capaz de defender y derrocar al gobierno que fuera y defendía a “los amigos de Norteamérica” cualquiera fuera su expresión política: “democracia, seudodemocracia o dictaduras” (21). De esta manera EE.UU. habría ayudado a derrocar a un gobierno que mantenía y defendía los principios que ya tan reiteradamente fueron señalados por Allende: respeto a la autodeterminación de los pueblos y soberanía de las naciones.

Ahora veamos cual fue el objetivo perseguido con el derrocamiento del gobierno brasileño por parte de Estados Unidos en 1964.

Según denunció Salvador Allende, el Departamento de Estado había prestado a la junta golpista brasileña 50 millones de dólares y por eso comentó en forma sarcástica “¡Ellos… hablan de derechos humanos,… gastan sumas fabulosas en su propaganda contra Cuba,…vacían su capacidad de difamación contra el movimiento popular chileno” (23) Hay que tener claro que la ayuda no era gratuita. Al momento de instaurarse la dictadura en Brasil, el precio del café, principal producto de exportación, había bajado enormemente en el mercado internacional, beneficiando principalmente a los consumidores norteamericanos. La baja según Allende habría “significado a ese país (Brasil) una pérdida de más de trescientos millones de dólares” (24).

Para los Estados Unidos el costo monetario de mantener una dictadura, en dicha forma, era bajo en comparación con las utilidades que lograba que eran de seis veces lo invertido debido a que los capitales privados norteamericanos, además realizaron algunas movidas estratégicas, como por ejemplo, la venta de algunas compañías a empresarios brasileños y al mismo tiempo la adquisición de empresas claves definidas por su escasa productividad, las convirtió en elemento determinante e influyente en el mundo político, lo que ayudaba a consolidar una intervención total, en todos sus aspectos.

De esta forma, con un mínimo esfuerzo para el país interventor, en contraste con la cruda realidad del país intervenido, se acentuaba un vínculo que podía ir mucho más allá que la simple dependencia económica.

Puede cuestionarse la visión que tenía Salvador Allende respecto de muchas situaciones o realidades, pero creemos que en las que hemos señalado anteriormente se refleja que hizo un concienzudo estudio de la situación y de hecho proyectó indirectamente a futuro la que ocurrió en Chile, cuestión que le otorga un valor excepcional a estas palabras pronunciadas en el Senado “…el drama de Guatemala es el nuestro es el drama de un país que se ha alzado con dignidad en busca de un destino mejor;…Sí mañana Chile se atreviera a tomar medidas que significaran, por ejemplo, la nacionalización del cobre, seguramente también sentiríamos de cerca sobre nosotros la amenaza o la prepotencia extranjera” (25). Esto lo profetizó en 1954 lo denunció, ya como Presidente de Chile en Nueva York en 1972 y lo padeció en carne propia (26).

NOTAS:

(1) Rómulo Betancourt fue Primer Mandatario de Venezuela en dos oportunidades: 1945 y 1948 como Presidente de la Junta Revolucionaria y entre 1959 y 1964 como Presidente de la República.

2 Sesión 13° del Senado de Chile, Santiago en 14 de diciembre de 1948. Diario de sesiones del Senado, Santiago, 1945 ( esta publicación en adelante será citada como Sesión ….Diario de sesiones del senado ) p. 610.

3 Sesión 13°, en 14 de diciembre de 1948. Diario de sesiones del Senado, p. 612.

4 Sesión 13°, en 14 de diciembre de 1948. Diario de sesiones del Senado, p. 612.

5 Sesión 13°, en 14 de diciembre de 1948. Diario de sesiones del Senado, p.612.

6 Sesión 13°, en 14 de diciembre de 1948. Diario de sesiones del Senado, p. 614.

7 Sesión 13°, en 14 de diciembre de 1948. Diario de sesiones del Senado, p. 615.

8 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado, p. 166.

9 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado. P. 166.

10 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado, p. 169.

11 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado, p. 170.

12 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado, p. 170.

13 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del senado, p. 166.

14 Sesión 9°, en 22 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado. P. 431.

15 A pesar de ello sería interesante comparar esta visión con la entregada por la Comisión Kissinger con respecto a la realidad de Centroamérica, especialmente su perspectiva de la relación de esa zona con EE.UU. y los intereses involucrados. Comisión Kissinger, Informe de la Comisión Bipartita sobre Centroamérica. México, 1984, Cap. 3, especialmente pp. 21-27.

16 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado, p. 170.

17 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado, p. 171.

18 Este hecho y todo el problema de Guatemala y EE.UU. es analizado por el propio Juan José Arévalo en su libro Guatemala: La democracia y el imperio. Buenos Aires, 1955.

19 Sesión 9°, en 22 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado, p. 431.

20 De hecho, la situación posterior de Cuba produjo un efecto “deja vu” con respecto a lo acaecido en Guatemala, tema tratado en el capítulo III: Cuba en Freddy Sánchez El pensamiento latinoamericano…op. cit. Pp. 42-54.

* Mayor profundidad en relación a la situación brasileña en Freddy Sánchez El pensamiento Latinoamericano..op. cit., Capítulo I: “Democracia y dictadura en América Latina”, pp14-16.

21 Sesión 16°, en 6 de enero de 1965. Diario de sesiones del Senado, p. 923.

23 Sesión 16°, en 6 de enero de 1965. Diario de sesiones del Senado, p. 926.

24 Sesión 16°, en 6 de enero de 1965. Diario de sesiones del Senado, p. 926.
25 Sesión 4°, en 2 de junio de 1954. Diario de sesiones del Senado, p.176.

26 Exposición en XXVII período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Salvador Allende; Obras escogidas, Santiago, 1992, pp. 629-631 y 641.


[1] Artículo publicado en Cuadernos de historia contemporánea. Servicio de publicaciones Universidad Complutense, Madrid, Nº 25, año 2003. ISSN 0214-400-X. Puede verse también en http://revistas.ucm.es/ghi/0214400x/articulos/CHCO0303120275A.PDF

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