LA LLEGADA DE COLONOS SUIZOS A LA COMUNA DE ERCILLA DESDE LA MIRADA DE SUS DESCENDIENTES

Freddy Sánchez Ibarra[1]

“¿Aquí a Ercilla? Mi familia llegó aquí,  porque mi abuelo era… era colono, o sea que yo, soy nieta directa de colonos…  de colonos suizos. Los padres de mis padres eran… llegaron niños aquí a Chile y los padres de mi madre también, pero los padres de mi padre se quedaron aquí en Ercilla y los de mi madre en Quecherehue.” [2]

“En países como el nuestro es de todo punto indispensable la activa cooperación del elemento extranjero;  poderosa entidad que, al procurar enriquecerse, enriquece al país donde se asila, que puebla los desiertos y forma Estados, que aunque con el modesto nombre de colonias, asombran por su industria, por su comercio y por su bienestar, hasta a sus mismas metrópolis”.[3]

“En el año 1885, el 6 de febrero se reunieron en la orilla del río Huequén el Señor Ministro de Colonización, Señor Carlos Arellano; Don Enrique Devaud, el Señor Jefe de Batallón Don Antonio León, el Señor Director de Estación de Agronomía de la Sociedad Nacional de Agricultura Don Pablo Lemantayer; el Subdirector de Colonización de Victoria Don Bernardo Muñoz Vargas, el Jefe de Servicios Sanitarios de las mismas  Colonias Don Camilo Sepúlveda; el Señor Capitán de Cazadores de a caballo Don Miguel Sagas Ríos y el Señor Administrador de la Colonia Huequén, Don Guillermo Zelado Esbers”.

Habiendo reconocido la necesidad de fundar un Centro de población que permita a las Colonias desarrollarse, el Señor Ministro ha resuelto que la ciudad que va a fundar el General Don Gregorio Urrutia tenga el nombre de Ercilla en recuerdo del Capitán Don Alonso de Ercilla y Zúñiga quién en la época de la conquista recorrió esos campos y le ilustró con su célebre poema épico.

En virtud de esto, el presente acto fue celebrado y firmado por las personas antes mencionadas acordándose además que las calles del pueblo recién fundado llevaran el nombre de famosos jefes indígenas tales como: Caupolicán, Lautaro, Galvarino, Tucapel, Rengo, Orompello, Quilapán, Fresia y Guacolda.”[4]

INTRODUCCIÓN

Este trabajo pretende  retratar, sucintamente, la llegada, instalación y resultados de colonos suizos a la zona que corresponde actualmente a la comuna de Ercilla, en la región de la Araucanía en Chile, desde la mirada y el recuerdo de los descendientes de esos primeros llegados. Los mismos, invitados por un estado cuyas expectativas forjadas en el contexto decimonónico chocaron con el dificultoso  arribo y establecimiento de sus invitados estrellas. Esperanzas de  antaño  que parecen estrellarse todavía con el derrotero seguido a través de los años. Camino que en muchos casos aún, trágicamente,  no se ha definido para muchos de los descendientes de los  protagonistas de este artículo.

I. LA LLEGADA

En sus “Recuerdos del pasado” Vicente Pérez Rosales, uno de los grandes impulsores del proceso de colonización europea en el sur de nuestro país, describió las virtudes que se desprenderían de la acogida otorgada  a los colonos europeos que se arriesgaran a venir a las meridionales tierras  chilenas, que hasta entonces formaban parte del espacio histórico (de vida cotidiana  primero y de resistencia después) mapuche, quienes finalmente fueron desalojados por la política de finalización del “conflicto” denominado por la historiografía clásica como “Pacificación de la Araucanía” a manos de ex combatientes de la Guerra del Pacífico (Entre ellos Gregorio Urrutia y Cornelio Saavedra) y las  que en  el siglo XIX el estado se empeñó a incorporar al territorio “nacional” en un afán de blanqueamiento  y europeizamiento de la zona, lo que bajo la óptica modernizadora de entonces era dogma. Para ello, dicho estado crearía las condiciones “óptimas” para que los aventureros (portadores de la bandera del progreso) triunfaran frente a las adversas condiciones (principalmente físicas, idiomáticas y climáticas) de su nuevo hogar. Más allá de la particular mirada de Rosales (y del entonces estado modernizador), la llegada de colonos extranjeros en muchos casos no significó el arribo a la tierra prometida llena de oportunidades como les vaticinó  el responsable estado receptor.

Esta visión (modernizadora-modernizante) fue la que imperó para que este proceso también abarcara el valle Huequén cerro Nilontraro hacia 1884, en pleno gobierno del Presidente Domingo Santa María, donde se hizo efectiva la llegada de familias colonas procedentes principalmente de Suiza (de donde emigraron suizos franceses y alemanes) y luego de Inglaterra, quienes también se unieron  a la aventura. Para ocupar las tierras de los, a esas alturas, desplazados mapuches.

Claramente la empresa no fue fácil lo que demostró el temple de los colonos que se embarcaron hacia Chile: significó el enfrentamiento con un territorio desconocido, climática y físicamente distinto al de  sus países de origen. Tales trabas fueron acompañadas con  la incertidumbre de comprobar  si sus competencias personales y profesionales traídas desde Europa les permitirían surgir o,  al menos, sobrevivir.

El viaje de los colonos, lógicamente, fue en barco llegando a los puertos de Valparaíso y Talcahuano, último lugar desde donde un grupo de los cansados, pero entusiasmados viajeros tomó rumbo a Angol donde fueron recibidos oficialmente: “porque ellos llegaron a Talcahuano, de Talcahuano los trajeron a Angol”. Fue justamente en ese lugar donde esa tradición grandilocuente y modernizante, propia de la época decimonónica y de la entonces en ciernes formalidad legalista chilena,  chocaba con la precariedad de las condiciones reales entregadas(y existentes). Así   a los recién llegados se les concedió materiales y animales  para la construcción de su nueva vida y se les designó la cantidad de tierras a entregar, su ubicación y su título de dominio: “Una yunta de bueyes, carreta aperada, además de una vaca, 40 tablas y el documento que certificaba la cantidad de tierra y ubicación geográfica de la misma”[5].

Ya en octubre de 1884 comienza el desplazamiento de muchos colonos hacia el valle y no fue fácil. Los recién llegados en su mayoría, tenían conocimientos relativos al comercio, la industria o la artesanía. Por tanto,  el abrir caminos a machetazos, el pasar por malos o inexistentes caminos, enfrentarse a un clima, las más de las veces, adverso significó un  esfuerzo superior por la falta de competencias o experiencia en el trabajo de la tierra. De hecho,  los problemas empezaron a arreciar dramáticamente: “tuvieron que abrir caminos, cortaban árboles,  se enfermaban por ahí, algunas guaguas que venían murieron (creo) en el camino, fue dura la llegada de ellos pues”. Aún así, en Suiza, surgían diversas versiones relativas al éxito y facilidad de la empresa colonizadora. Tanto fue el impacto de las auspiciosas  noticias provenientes de estos lares,  que en algún momento el gobierno Suizo decidió prohibir nuevas salidas de nacionales que querían ir en busca de los beneficios y  oportunidades que, al alero de las ya mencionadas informaciones, nuestro sur ofrecía[6].

II. LA INSTALACIÓN

En el valle Huequén cerro Nilontraro, los colonos fueron recibidos por el Ingeniero agrimensor Martín Luiggi, Jovino Padilla y Víctor Isla quienes ubicaron a los viajeros en sectores previamente identficados. Más tarde y como consta en el acta oficial de 1885 (citada al comienzo) se funda la comuna con el nombre de  Ercilla en honor al poeta peninsular creador de La Araucana.

Hubo una segunda camada de colonos europeos en    los primeros años del siglo XX,  que hicieron un recorrido similar, algunos llegaron primero a Argentina y de ahí  enfilaron rumbo a Chile, otros desembarcaron directamente en Talcahuano  y luego se desplazaron hasta Angol, pasando por Quilquilco  hasta recalar definitivamente en la ya conformada comuna de Ercilla: “de Angol llegaron a Quilquilco, que actualmente es Inspector Fernández  y de allí parece los empezaron a distribuir y ellos tuvieron que trabajar… para venirse de Angol a Inspector Fernández” / “Llegaron en barco a Argentina, después llegaron a Inspector Fernández y donde fue otorgado un campo  que solamente era barro y árboles”.

También sufrió penurias esta apreciable cantidad de extranjeros quienes, al igual que la primera facción de inmigrantes, recibiendo algunos materiales y suelos vírgenes, tuvieron que enfrentarse a enfermedades y al bandidaje propio de aquella época: “En ese tiempo existía esa gente como ser: bandoleros, como llegaba gente que no se sabía expresar, eran de otro idioma, entonces cuando ellos llegaron aquí, ahí en el mismo sector donde llegaron mis abuelos, ahí como a dos o tres familias  los asaltaron, pero después descubrieron quienes habían sido y los fusilaron”.

Una vez establecidos en Ercilla había que hacer el suelo productivo, un suelo que nunca había sido trabajado. Se entregaron hectáreas que había que limpiar, desmalezar, todo con rudimentarias herramientas y como ya se hizo mención, con pocos conocimientos en materia agrícola por parte de algunos colonos: (después del paso por Quilquico) “…de ahí les entregaron un par de hectáreas y también había que limpiar aquello  ¡ y no todos eran agricultores! Si eso era lo peor, la mayoría eran artesanos.  Entonces las cosas estaban malas…De hecho mi bisabuelo Era más dedicado a la carpintería”. Fue una época ruda, pero en alguna medida, dio frutos. Una descendiente de colonos nos da cuenta de  aquello:    (el campo) “…ellos lo limpiaron todo, después pusieron viñas, mi abuelo trabajó muchos años en vinos y mi bisabuelo”.

III. ¿EL RESULTADO?

No corresponde a este trabajo establecer  el grado preciso de éxito que tuvo la empresa impulsada por el estado chileno en términos de productividad, “blanqueamiento”, modernización, implantación de “virtudes europeas”, etc. Pero a simple vista el cálculo no fue exacto, vemos la actual tensión existente entre colonos / mapuches / estado  y palpamos como la historia de muchas de estas empresas  no desarrolló el polo productivo esperado, o constatamos como se desenvuelve en la actualidad dramáticamente irresolutas problemáticas históricas en la zona (invisibilización del conflicto fuera de sus fronteras por los medios, represión del estado, violencia  por parte de todos los actores involucrados) o simplemente aventuras que terminaron tristemente:  “Llegaron a Inspector Fernández (antigua Quilquico) y de allí parece que los distribuyeron, no se, llegaron aquí a Ercilla a un campo donde queda… actualmente parece que vive un Seitz, un señor Seitz, dicen… me decían el otro día que todavía existía  una casita ahí donde este señor Seitz que la había construido mi bisabuelo, yo no la he visto y el otro día conversábamos con una prima y me decía que existía todavía,  que era una casita chiquitita, claro que ahora en malas condiciones, porque ¿se imagina?…tantos años ahí. 1904, y después ya al bisabuelo lo asaltaron ya ahí no tengo bien clara  esa parte, lo asaltaron y allí falleció y quedó mi abuelo y un hermano,  quedaron tres hijos  de ese matrimonio  y después mi abuelo  parece que compró al lado una tierra que después había una casa bonita, grande y ahora después se vendió, lo compró la CONADI y como los que compran a la CONADI los mapuches destruyeron todo eso, dicen que con motosierra  y echaron abajo la casa no sé,  yo no estaba presente ja ja ja”.


[1] Artículo que se nutre directamente de “Los colonos y su llegada” contenido en Henríquez, Rodrigo y Sánchez, Freddy: Ercilla 120. Contamos una historia, soñamos un futuro. Taller de ediciones LOM. 2005. Pp. 21-23.

[2] De ahora en adelante las citas en cursiva son testimonios de descendientes de colonos de Ercilla obtenidos en el marco del proyecto de recuperación de la memoria: Ercilla 120…op.cit.

[3] Rosales Vicente: Recuerdos del pasado 1814-1860. Ediciones Septiembre,1973.

[4] En el afán de tomar posesión de las tierras del sur de Chile por parte del estado, la constitución formal de ciudades era un medio obligado. La cita corresponde al Acta de la Fundación de Ercilla en  1885.

[5] Padilla, Jeraldo:  Investigación histórica de Ercilla. No editado. 1982. P. 5,

[6] Peri Fagerstrom, René: Reseña de la colonización en Chile. Ed. Andrés Bello. Santiago. 1989. P. 94.

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