4° DÍA “EL PRIMER VIAJE”

Tuvimos que tomar desayuno antes de las siete, el destino: Burdeos. Ya empezamos mal con la presentación de la guía: “Llámenme PAQUITA”. Pensé que nos estaba agarrando para el hueveo. Después unas señoras que por lo menos una hora rezaron (como si fuéramos al espacio) y un “Tico” tratando de hacerse el chistoso hinchó a la guía gran parte de la ruta.

A mitad de camino paramos en la ciudad de Burgos (lo mejor hasta ahora). Un pueblito tierno y avejentado demográficamente hablando, con una hermosa catedral gótica.

Tomamos muchas fotos, compramos un paraguas y un gorro (los más caros de la vida) aunque nunca nos ha tocado lluvia.

El almuerzo fue en un pequeño restorán de la ciudad. Rápido y barato (europeo) cuyo menú proponía de entrada tallarines con salsa, imaginen el resto: Ternera, lomo, etc. Postre: Leche asada y natilla ( 20 E.) Calificación: 3 jarritas de vino aguado.

De ahí comenzó la tortura. Cruzamos el país vasco, llamativo por estar entre montañas con hermosas viviendas, industrias y en general, localidades disgregadas entre sí.

Si bien, es una zona montañosa, corría viento cálido, pero ni atisbo de lluvia.

Con los tratados europeos el paso a Francia fue expedito, con suerte un peaje y de ahí a Burdeos eran 200 Km. (Ya habíamos recorrido 500).

La entrada a Burdeos fue caótica, gran taco (o atasco como dice Paquita). Finalmente terminamos maravillados con una ciudad que se embelleció voluntariamente para ser capital cultural europea. Con no más de 180 mil habitantes es hermosa. Calles estrechas, pero muchos monumentos y arquitectura de corte románico.

En el hotel nos tomamos con la primera alerta: El francés es “cuático”. Conectarse a wi fi era para hacker y dejé la ca… en el PC del lobby (bueno… yo me manejo con Mac..).

Para conocer salimos a “dar un a vuelta” y ahí empieza “Lost”. Clau se desesperó un poquito, pero después de “pasear” por la ciudad y pasar un cementerio de noche (por fuera, obvio) llegamos al hotel (a la mañana siguiente nos dimos cuenta que estaba al lado del hotel y nosotros lo rodeamos.

Claudia no quiso entrar a ninguno de los pocos locales abiertos para comer, así llegando al hotel, se comió un pan con fiambres y queso que habíamos “birlado” en el desayuno en Madrid. A dormir… fui un ladrillo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s