¿POR QUÉ SIGO?

Se nota el cansancio, noto el cansancio. Ha pasado mucho tiempo, se ha luchado tanto y se sigue chocando con el murallón político, reproductor social y elitista que históricamente ha frenado avances sociales y ciudadanos. Murallón representado, en este momento, por Piñera y sus aliados, a su vez depositarios de toda la gama de intereses económicos y (anti) éticos que han primado por tanto tiempo en Chile.

Yo mismo me siento cansado… no soy (tan) joven. He tratado de contribuir, he ido a liceos en toma a apoyar estudiantes, organizado debates en colegios, suscrito manifiestos de historiadores, he tuiteado (mucho), marchado, parado, escrito, debatido, peleado, he tratado de mejorar mis clases, etc. Durante todo el período álgido y antes. Incluso tendría que perder si todo saliera bien, si todo se aprobara. Así todo me he plegado como he podido a esta masa viva con forma ciudadana, poderosa y furiosa… pero se ve todo tan infructuoso…

¿Por qué seguir?

Las razones técnicas no caben aquí. Los estudiantes lúcidamente las han expresado con claridad envidiable. Los historiadores han dado razones desde su disciplina y las he suscrito formalmente. Algunos expertos (destaco a Fernando Atria) también han sumado teoría. Más bien son las razones emocionales las que me mueven, a pesar del tufillo permanente a derrota. Soy hijo de la dictadura, nieto del nihilismo propio de los años noventa y padre de esta insostenible realidad actual de la que me siento sumamente responsable. Dicha responsabilidad me la enrostró una estudiante de un liceo en toma, en el momento en que haciendo una historia de los movimientos estudiantiles me preguntó si los cambios la afectarían a ella. Su cara al decirle, con el corazón apretado, que NO, es la que me hace seguir reclamando, seguir sumando, seguir explicando que la mayoría SI importa, que no pueden ganar los pocos de siempre, que la sociedad debe transformarse para ser más justa, que la econometría y la tecnocracia no son los caminos para una sociedad sana y humana, que las condiciones de base para crecer como persona deben ser equiparadas, que soy capaz de perder privilegios por una sociedad que diste mucho de la de “castas” tan laxa y desproporcionada en sus  diferencias como se aprecia a la nuestra.

Pero también existe una segunda razón, los estudiantes me han devuelto la esperanza, me inundan con su ánimo y fuerza, son contagiosamente optimistas. Finalmente parasito de su potencia histórica, de su fuerza social. Sin asco lo reconozco y se los agradezco. Por ellos, por los que por culpa de mi anquilosamiento previo viven la “reproducción” de las diferencias sociales, por mis estudiantes, por mi hijo por nacer, voy a seguir dando la pelea con el movimiento estudiantil. No son dignos los que quieren demonizarla y aplastarla con la fuerza bruta y la de argumentos falaces… LA DIGNIDAD ESTÁ CON LA CAUSA DE LOS ESTUDIANTES… suscribo humildemente a ella.

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