Historia: por un marco curricular ciudadano y explícito

 

 

 

 

 

 

 

La enseñanza de la historia se ha visto, durante el presente gobierno, amenazada en varios frentes (intención de reducir su número de horas, impedimento de generar una hora de educación cívica, intervención eufemística-conceptual del currículum a modo de ejmplo), lo que de alguna manera explicita (paradójicamente de manera oculta) la mirada ideológica dominante que busca acotar la memoria histórica, llenar de ambigüedades su enseñanza, establecer miradas neutras, invisibilizar conflictos aún latentes y depurar de toda carga de civilidad y ciudadanía su enseñanza (entre otras aspiraciones dogmáticas).

La falta de una mirada educativa nacional consensuada, debatida, ciudadana, permite que los marcos curriculares sigan presentando, cada vez más,  miradas homogeneizantes que en el caso latente de la enseñanza de la historia, transforman a la disciplina en letra muerta, en proceso objetivado y cosificado,  o en herramienta funcional a la mirada tradicional y cupular.

Todo lo anterior implica a lo menos cuatro problemáticas:

1. No (querer) entender (asumir) que la disciplina histórica no es objetiva y por tanto, sus conceptos tienen carga semántica e ideológica, no son neutros y menos inofensivos. Por ello, no pueden ser definidos o elegidos entre cuatro paredes para ser enseñados. No da lo mismo (conceptualmente) “dictadura” que “gobierno militar”; lo primero denota brutalidad, autoritarismo en su esencia, entrega categorías científicas identificables que en la “generalidad” (propuesta por el ministro Beyer) de “gobierno militar” se diluyen intencionadamente. Se ha señalado en distintos medios hasta el cansancio “los conceptos generan realidad”. ¿Zanjemos ciudadanamente?

2. La Historia es un “continuo”, un “siendo”. Por lo mismo, “lo que pasó” tiene injerencia en la comprensión “del ahora” y los dos tendrán injerencia en “lo que pasará”. En ese sentido, esperar que los estudiantes no vivan los hechos pretéritos sino como cuadros objetivados que no tienen relación con ellos es una falacia. El estimar que deben vivir en la burbuja deshumanizante “del ahora perpetuo” es una irresponsabilidad frente a la cual, los que nos dedicamos al estudio y enseñanza de la Historia como continuo, nos revelamos.

3. Unido a lo anterior, es significativo señalar que la historia reconstruye la “memoria histórica” sin la cual el camino a recorrer por toda sociedad será truncado. El “olvido” nace de las ambigüedades, de las omisiones, del currículum oculto en las escuelas. El conceptualizar como “gobierno militar” significaría cubrir con el velo del olvido oficial la cantidad de muertos, torturados, exiliados, exonerados, que la dictadura lleva sobre sus espaldas. Implicaría sanear el actuar de personajes aún presentes (algunos homenajeados, algunos que hacen homenajes), en la historia del país. ¿Podemos transar el fortalecimiento de la “memoria histórica” por el “olvido oficial” acomodaticio y bastardo propuesto? Desde la Historia y la pedagogía crítica la respuesta es un rotundo NO.

4. La Historia permite el pensamiento crítico y mal puede hacerlo desde las generalidades propuestas por MINEDUC y el CNED. Contrario a lo que piensan las autoridades, son las posturas conceptuales las que generan debate profundo y no las ambigüedades como “gobierno militar” u “ocupación de la Araucanía” que confunden y no permiten por tiempo (de las mismas exigencias del marco) iniciar una crítica necesaria. Es un zapato chino.

Es verdad, durante los gobiernos de la Concertación, la historia y su enseñanza no fueron prioridad, pero nunca habían sido tan denostadas e intervenidas como en la actualidad. Es imperativo hacer partícipes a profesores, universidades, comunidades educativas en un debate real (no las consultas sesgadas y encubiertas de MINEDUC) para generar currículum en historia. Hay que presionar ahora y por siempre. Aún así,  consciente del murallón soterrado y férreo que esta petición enfrentará, debo señalar que finalmente (y como bien señala Giroux) los profesores son “intelectuales transformativos” y como tales son los que a través de su cedazo profesional podrán develar el currículum oculto, encauzar el marco curricular, generar verdadero debate y crítica, aunque sería una lástima que social y ciudadanamente no logremos un marco curricular adecuado para la enseñanza de la Historia en Chile.

(Luego ampliaré el comentario)

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