MOVIMIENTO ESTUDIANTIL Y ROL DOCENTE

Que Hidroaysén fue el acicate, que la gente no quiere que gobierne la derecha (R. Méndez), que simplemente la gente no quiere a Piñera (T. Mosciatti), son explicaciones parciales e inmediatas al fenómeno “del reclamo ciudadano” que se ha instaurado en estos últimos días. Hay respuestas  más de fondo que pueden estar alojadas en miradas posmodernas o apocalípticas respecto de la labor política que no vienen al caso respecto del presente comentario, lo que si podemos señalar es que el movimiento, primero imperceptible, en un segundo momento anárquico y a veces violento y ahora cohesionado y organizado movimiento estudiantil escapa un poco al contexto actual del reclamo porque tiene una vida e historicidad propia que en lo inmediato se conectan con los movimientos estudiantiles anti pinochetistas de los ochentas y luego con el sorprendente movimiento pingüino del 2006 cuyas repercusiones, quizás en lo práctico no fueron todo lo profundas que se esperaron, pero que en el imaginario se alojaron de manera potente en la sociedad chilena, lo que nos pone expectantes frente a las manifestaciones 2011. Si “a posteriori” podemos conectarlas con un Chile descontento, pero movilizado y conciente.

Reducir las peticiones de los estudiantes sólo a la gratuidad es una negligencia y señalar que sus peticiones son poco asibles por amplias, es un despropósito.  Catalogar al movimiento como violento por las consecuencias de las marchas y tomas es victimizarse vergonzosamente y ser falaz, la violencia está en las desigualdades sociales que la educación chilena reproduce. Los estudiantes exigen MEJORAR LA EDUCACIÓN PÚBLICA, porque han constatado en carne propia el fracaso de la munipalización y del lucro como ejes del modelo educativo chileno (incluyendo el esmirriado modelo universitario). ¿Son peticiones razonables?. Más que eso, son irrenunciables. Nuevamente los estudiantes dan cátedra respecto de una problemática social y es aquí donde los profesores deben asumir su rol de intelectuales valientes y transformativos (como propone Giroux) y apoyar de manera irrestricta las movilizaciones y peticiones estudiantiles hasta lograr un verdadero cambio. Los universitarios se sumaron después al movimiento del 2006, ahora son vanguardia. Los profesores fueron espectadores hace 5 años, a lo más reactivos, pero tardíamente. Ahora es cuando tienen la oportunidad de reconstruir la dignidad docente tan lacerada en las últimas décadas, y esa reconstrucción pasa por adherir a un movimiento de la totalidad de los actores educativos para lograr cambios estructurales en Educación que por intereses personales y/o colectivos (principalmente) o desidia, los actores políticos no han sabido producir o conducir.

De todas las frases que Piñera ha enarbolado desde su mandato, concuerdo sólo con una, SE APROXIMA UNA REVOLUCIÓN EDUCATIVA, pero a diferencia de lo que piensa él, no asoma desde arriba, del olimpo político, de los centros de estudio o de opinólogos de élite, sino desde el mundo ciudadano, popular en algunos casos y desde el mundo educativo. Subcutáneamente viene una transformación, docentes háganse cargo de su rol crítico y transformador.

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