A 50 años de “La Naranja Mecánica” de Anthony Burgess: La violencia retratada en una bolche novela.

Imagen

Esta obra, en que el tema de la violencia presenta diversas posibilidades de análisis, nos enrostra nuestra propia disociación amor-odio.

– ¿Y ahora que pasa, eh?. Hace poco la película basada en “La Naranja Mecánica” de Anthony Burgess fue transmitida en televisión abierta. Un alumno la vio y me pregunto mi opinión respecto a ella (no voy a ahondar en mi respuesta), dicha interpelación me hizo revisitar una vieja opinión respecto de esta obra literaria.

– ¿Y ahora que pasa, eh?. Considerando que la violencia, generalmente, posee una connotación negativa (especialmente en una sociedad como la chilena, cuyo impacto mediático es diario), curioso resulta el análisis de “La naranja mecánica” de Anthony Burgess, obra que, en principio, la exalta estéticamente. La historia del joven-nadsat Alex de una u otra forma la hemos incorporado a nuestro imaginario, ya sea a través de la lectura o a través de la puesta en escena de Stanley Kubrick (que en gran medida terminó frustrando a Burgess por la mayor repercusión que tuvo en detrimento de su novela), historia que para algunos es el icono de una “apología a la violencia”.

– ¿Y ahora que pasa, eh?. “La naranja mecánica” relata la historia de Alex, un adolescente (“nadsat”) que a su corta edad (aproximadamente dieciséis) y con su grupo de amigos (drugos) gustan de la violencia como norte a seguir, manifestándose en salidas nocturnas en que la mezcla de vértigo, drogas, sexo y peleas (ultraviolencia) son la tónica. Pero Alex además mezcla esas conductas con un amor sincero por la música clásica (Mozart, Bach y sobre todo el gran Beethoven) y por el lenguaje (nadsat, mezcla de inglés con algunas palabras de raíz rusa), lo que le entrega una particular forma de enfrentar su vida personal, familiar y social. A raíz de una salida es detenido y sometido a un experimento que lo castra sicológicamente para el ejercicio de cualquier conducta violenta, momento en que su naturaleza humana se ve truncada y entregada a una sociedad no preparada para ello, sino más bien para la venganza. Finalmente su humanidad vuelve (me refiero a su naturaleza violenta) y se enfrenta al problema de su propia madurez, proceso fisiológico que termina aceptando y entregándole paz.

– ¿Y ahora que pasa, eh?. Veamos algunas claves para entender esta novela. Primero: la crítica a las medidas represivas de las sociedades modernas, la rehabilitación real y la inserción social de un delincuente no son prioridades, por último, antes de rehabilitar dichas “soluciones” pretenden deshumanizar a los delincuentes transformándolos en objetos de relojería (¿Burgess habrá leído a Folcault?). En segundo lugar el manejo político propagandístico del problema de la violencia es descarnadamente presentado, desde todas las posiciones se presenta a Alex como consecuencia del manejo de la otra (en Chile desde principios de los 90s el tema es suculento). Tercero: Interesante es el tema de género, curiosamente en la novela las mujeres son en su totalidad víctimas, no tienen cabida en la acción o manifestación de la violencia, sino más bien son su blanco. El tema de la familia también es una clave, claramente lo timorata de la conducta de los padres de Alex puede ser la causa de sus conductas, o mínimo las fomenta.

– ¿Y ahora que pasa, eh?. Es interesante contrastar dos miradas respecto del mismo tema como son la de Kubrick y Burgess. El primero representa la novela cercenando el capítulo veintiuno escrito por el segundo, presentando a Alex como sanado del experimento del Ludovico cuando vuelve a tomar la violencia como su camino a recorrer, la película termina con el sueño de nuestro pequeño nadsat en que realiza el viejo “uno dos – uno dos” (sexo) con violencia a una muchacha y señala: “Sí, yo estaba curado”. De esta manera el director plantea que la naturaleza del ser humano es esencialmente violenta y finalmente no podemos luchar contra eso. En el caso de Burgess, la mirada es distinta, nos presenta un amor juvenil a la violencia, como parte del crecimiento propio del humano, pero que de una u otra forma termina acotándose al momento en que la madurez, el proceso que debería ser propio de un devenir sano de la condición de nuestra especie, llega. En el caso de Alex, comienza a sentir estímulos absolutamente novedosos (gatillados por el encuentro con un ex -drugo), casarse, formar una familia y vivir tranquilamente pasan a ser el nuevo norte al que nuestro protagonista quiere apuntar. Todo relatado en el capítulo “veintiuno”, cuyo número sería símbolo de la edad en que asumiríamos todos nuestros derechos y deberes. En este caso termina la disociación permanente de nuestro protagonista entre los polos de amor y odio, siendo por último la posibilidad de la elección equilibrada la que termina entregándole la esperanza de una vida tranquila y feliz.

– ¿Y ahora que pasa, eh?. La naranja mecánica es una novela que perturba, existen numerosos enfoques desde donde analizarla, finalmente la dicotomía: obra “transgresora – moralizante” es la que más me complica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s