LA IGNOMINIA Y SU IMPUNIDAD SEGÚN FEDOR DOSTOIEVSKY (“HUMILLADOS Y OFENDIDOS”).

“Confianzudamente sigo parasitando de mis antiguos comentarios publicados en la extinta revista Tambor
He de confesar que siempre han sido de mi gusto, las novelas que representan la miseria humana de distintas maneras y en diversas épocas. Es así como los conflictos emocionales, sicológicos e, incluso, económicos que sufren las personas y las sociedades, producen en mi un morboso placer, ya que de alguna forma interpretan algo de la angustia, desarraigo, frustraciones, humillaciones y otras desventuras que muchos, seguramente, hemos sentido en algún momento.
 Asimismo, los personajes que son pisoteados por el peso de un sino, de una política general, de la sociedad o simplemente, por la infamia residente en el alma de un particular, y que logran sobreponerse a tan nefasto designio, claramente han merecido mis loas. De tal forma, sé a que atenerme al leer una obra cuyo tópico sea el mencionado, o mejor dicho lo sé hasta que me enfrento a Fedor Dostoievsky y, especialmente, a su “Humillados y ofendidos”.
 En ésta (la primera gran novela de Dostoievsky) Vania, un promisorio escritor, se ve en medio de una tormenta, cuyas fuerzas primigenias residen en la humillación e ignominia que sufre su padre adoptivo, Nikolai, en manos del químicamente maligno príncipe Valkovski quién lo demanda y estafa. Además el hijo de este último (Alioscha un perfecto timorato) roba el amor de la hija de Nikolai: Natascha, quién, junto con sufrir a causa de la confusión sentimental de su amado y la negativa del príncipe a esa adhesión, es la adoración de Vania. El joven escritor se enfrenta ardorosamente a estas fuerzas negativas con un empuje que conmueve, pero que a pesar de todo parece no bastar.
 En este torbellino de personajes y situaciones que marea y asquea, Dostoievsky plasma las pasiones más bajas del ser humano, que no parecen tener contrapeso, y lo mejor (como el orgullo bien llevado y la defensa del honor) que penosamente no terminan redimiendo todo el mal causado.
 Dostoievsky nos enrostra la mentira que envuelven las novelas cotidianas heroicas cuyos finales de una u otra forma terminan confortando al lector con la vana esperanza de un mundo mejor. La justicia como valor en Dostoievsky es restringida, la ganancia se presenta difusa por la cadena de desgracias precedentes. De esta forma, Vania ejemplifica el héroe en su máxima expresión, sufrimiento extremo versus logros difusos, pierde en todo: amor, dinero, honor, etc. y el consuelo ni siquiera significa la justicia común, sino que su ganancia es el bálsamo de la tranquilidad final que otorga la tarea cumplida (lucha) con lo que hay que confortarse.
 Dostoievsky, jugando con situaciones que pueden ser cotidianas, para provocar más impacto, añade casualidades infaustas a la novela como el encuentro de Vania con Nelly (huérfana cuya madre fue abandonada por Valkovsky) a quién protege, quiere y que termina acabada por el peso de las penalidades sufridas por el entorno y ella misma. La frustración a estas alturas es máxima.
 Da miedo pensar que situaciones cotidianas muchas veces nos entregan realidades tan patéticas que sacan a relucir la valentía de seres humanos “notables” que no son retribuidos en su justa medida por las penalidades sufridas. Es aquí donde con mayor ímpetu recomiendo a Dostoievsky, él nos dice fundamentadamente: puede ser peor.
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