La discusión educativa, el modelo y los fines

Publicado en http://www.elquintopoder.cl (Imagen extraída del mismo sitio)

La discusión sobre educación ha saltado a la palestra gracias a la impresionante movilización de estudiantes durante 2011, motivada, principalmente,  por el fin del lucro en la enseñanza superior y la inédita articulación de esta con las demandas de los secundarios. Esto ha motivado que diversos movimientos ciudadanos, actores educativos y múltiples “opinólogos” de la educación se hayan unido a las demandas, las critiquen, les sumen externalidades al debate o incluso inviertan las jerarquía de los problemas de fondo v/s dichas externalidades (lucro, dependencia de establecimientos educacionales, debate de “lo público-lo privado”, etc. v/s carrera docente, resultado de pruebas estandarizadas, PAC, SEP, etcétera.)

A este respecto, si bien ha habido una gruesa y profunda contribución al debate por parte de historiadores (manifiesto de historiadores – la mirada “salazariana”), sociólogos (Mayol), expertos (aquí relevo el rol de Fernando Atria), los demás actores educativos han encapsulado la discusión a las externalidades o la misma educación como un objeto,  criticable “desde afuera” e inerte. Esto es propio de la arqueología o ciencia de laboratorios desapegados de las texturas sociales, pero no reparan (ni creo que reparen) en que toda la discusión educativa se enmarca en un contexto actual (también histórico) en el que la sociedad chilena enarbola banderas de profunda crítica al sistema neoliberal imperante, que, cual globo “agujerado” hace agua en varios frentes. Ello nos permite hacer un mapeo de descontento social, ciudadano, popular y un catastro de políticas públicas que, al igual que el paliativo de un analgésico, calman, pero no sanan, son más efectistas que eficientes y/o efectivas. ¿Y entonces la educación?

Atria, ya en 2007 caracterizaba a la educación no sólo como la que “dota al estudiante de las aptitudes para desempeñarse más o menos eficientemente en el mercado”, sino también como la que “dota al estudiante de lo necesario para comprender al mundo y dejarlo en mejor posición para dar sentido a su existencia”. Si sumamos la reflexiva opinión de Henry Giroux, que manifiesta que la política debe ser más pedagógica y la pedagogía más política; si además leemos a Michael Apple y Pierre Bourdieu, que ponen en evidencia lo reproductor de los sistemas educativos y sus baterías curriculares, entonces “es justo y necesario”  hacer una revisión (o generación) de los fines y objetivos de la educación chilena en función de una crítica sistémica al neoliberalismo imperante. Desde la educación y sus actores se puede.

¿Son las directrices de la OCDE prioridades del “modelo educativo chileno”? ¿Son la lecto-escritura y el domino de las operaciones matemáticas las competencias predominantes sin contrapeso que hay que desarrollar en los estudiantes? ¿El debate debe centrarse en la formación de “profesores de excelencia” funcionales para este modelo? ¿El debate debe centrarse en lograr que los estudiantes se transformen en agentes coherentes con el modelo imperante o pretendemos que nuestro modelo educativo propenda a la generación de sujetos críticos y transformativos? Entendiendo que existe tensión entre la libertad de educación y la igualdad ¿debemos zanjar ciudadanamente en torno a alguna? ¿Igualdad, por ejemplo? ¿Es legítimo el sistema educativo chileno, ciudadano, representativo o impuesto?

Estas y muchas otras interrogantes no se realizan, no convienen a potentes intereses particulares, critican dispositivos de dominación añosamente anclados, son incómodas, tienen costo, no son eufóricamente populistas, son a largo plazo, no venden ni económica ni políticamente. Pero creo que en la vorágine de esta “sociedad de la información y el conocimiento” en que pareciera que “todo lo sólido se desvanece en el aire” (y en la que unos pocos iluminados nos dicen las herramientas que debemos desarrollar para manejarnos en esta dispersión)  Una previa y potente  batería discursiva  educativa-ético-moral es una necesidad, controvertida, pero esencial.

Sólo una pregunta más (por ahora) ¿Cuál es el rol del profesor en este debate?

 

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