THE CURE EN CHILE (14/04/13)

The cure

* Foto de fans

Muchos años pasaron para ver a The Cure en Chile, en rigor en Santiago. Toda mi solidaridad con Robert Smith por su fobia a volar, es indescriptiblemente limitante… pero Robert ¿cuántas veces estuviste tan cerca?. En fin, la talla de rockstar de Smith,  su carisma, ese que no requiere de retóricas ni relaciones verbales con el público, ese carisma que llena el nacional por sí solo, salda parte de la deuda. No me refiero al ego del artista, sino a esa actitud teatral en el entendido del canon griego, que en las máscaras halló un medio de expresión que protegía a la persona y relevaba al artista. Smith, lo entiende a la perfección. El maquillaje oculta los estragos del tiempo que sufrimos los seguidores e inmortaliza al ícono, ese que podía haber sido funcional cantando detrás de una sábana solo compartiendo su sombra o que parado mudo frente al público hubiera aleonando solo con sus sinuosos movimientos, marca registrada que cautivó de entrada.

The Cure nos regaló el concierto más extenso de Latinoamérica y ¡de qué manera!. Un comienzo aplastante. La literalidad llevó a “Open” a comenzar los fuegos y es cuando comienzan las imperfecciones de un paradójico perfecto concierto. Ciertas fallas en el micrófono, ciertos problemas de acústica propios del rebote en galería saltaban a la vista sin mermar la emoción y calidad del grupo que a poco andar y superadas esas deficiencias propusieron un concierto elegante y eternamente eficiente. Sumemos a las fallas las pantallas gigantes (ocupando un término generoso) cuyas tomas eran apresuradas, llenas de cruces de sombras y poco certeras en la calidad del momento a amplificar y la potencia que a ratos superó cualquier estándar universal. Detalles sabrosos que adornaron el nutrido setlist de 42 canciones que necesariamente debe haber dejado contento a todos, excepto quizás, a los impacientes por hits.

El primer momento fue el de “la promesa”, The Cure nos decía que ésta sería una cita inolvidable y cuales genios persas cumplirían todos nuestros deseos. Es así como la tríada “Push”, “In between days” y “Just like heaven” remeció el Nacional, casi reventándolo con la última. La primera explosión de la noche, la masa saltando, la masa gritando, la masa aplaudiendo, la masa feliz. En pleno estado de shock de la promesa “Pictures of you” (Desintegration) nos hace reparar en el volumen de talento de la banda. La fusión de la sentida interpretación de Smith en perfecta conjunción con el diálogo de un limpio teclado y la guitarra nos entregó una desgarradora versión que emocionó. “Lullaby” fue la expresión más patente de la teatralidad del grupo en una versión en vivo perfecta. Con “Friday I’m in Love” quizás cerramos esta parte y el baile se transformaba en frenético, pero esto tuvo un corte.

Los fanáticos acérrimos vivieron la segunda parte, que fue “El lujo”. The Cure interpretó los temas que le dieron la gana, los que solo los fieles y expectantes seguidores de toda la trayectoria conocían claramente y que para los no iniciados podía significar un vacío de espacio tiempo que no se esperaban, pero que debían agradecer, porque en este momento es el del lucimiento del tecladista y el gran guitarrista Reeves Gabrels y el propio Smith quien fulguró con una destreza vocal que se ha mantenido monolítica a través del tiempo. Pasado casi una hora y media Robert Smith se dignó a regalarnos un “gracias”. La conexión no requería más, el pacto estaba sellado.

El segundo bis fue el “del Pago”, muchos temas, mucho tiempo, era hora de moverse, de conectar a todo el Nacional con tiempos pasados (¿Quién sabe si mejores?) y el baile fue total con “Hot, hot, hot“ y “Why can I be you?”. Resurgen las “go go dancer” que el segundo tiempo tomaron respiro y la energía se vuelve cinética. “Boys Don’t Cry” fue la sandía calada que anunciaba el fin del sueño, y nos recordaba la ironía machista y la destreza actoral del vocalista como en los tiempos en que realmente estaba en las sombras de su alter ego niño en el video que todos internalizamos en su momento. Casi cerrando, a mi gusto el punto más alto de la noche con la potente y rockera (¿rayando en el grunge o metal?) de “10:15 Saturday Night” , volviendo a la raíz de su música, pero reinterpretándola con un vigor en que Gabrels tuvo mucha complicidad haciendo “rechinar” su guitarra. La bandera estaba puesta, hicieron patria en Chile, son grandes. Al final una soberbia interpretación de mi tema favorito: “Killing an Arab” y fin de la epifanía esperada por los años de vida de cada una de las más de 45 mil personas que ayer asistieron al Nacional.

Sí, The Cure saldó una deuda de años con Chile, sin efectismos, sin bronces, sin coros, solo con su destreza (que vaya que la tienen) con el carisma de Smith y con un setlist inolvidable y privilegiado para quienes ayer tuvimos la suerte de verlos.

En definitiva un concierto perfecto… incluso gracias a sus imperfecciones.

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