El modernismo según José Martí

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Me resulta interesante enmarcar el texto de José Martí: (introducción de) “El Poema del Niágara” en lo que Marshall Berman y otros denominan como “La modernidad como experiencia”[1]. Ésta una experiencia participada del espacio y del tiempo. Ser moderno sería un “situarse” que permite la conversión y, a la vez, la propia abstracción, es una experiencia trascendental, es vivir en la paradoja y la contradicción. El ser humano estaría sometido por las organizaciones burocráticas que controlan la vida y, sin embargo, se enfrenta a esas fuerzas. Seríamos, al decir de Berman,  simultáneamente revolucionarios y conservadores.

Ahora bien, me resulta sugerente entender la modernidad como modernismo, el que debe,  a su vez, ser traducido como la expresión de la modernidad en el campo del arte y de la literatura en específico. Se trata de un movimiento extasiado por la técnica y el avance arrollador del capitalismo. El proceso de modernización (desarrollo económico, atomizando la distinción echa por Habermas[2]) se propaga para abarcar todo el mundo y la cultura mundial de modernismo logra triunfos espectaculares en el arte y el pensamiento: en un paisaje de máquinas de vapor, fábricas automáticas, vías de tren, ciudades enormes. El modernismo es una fascinación ante lo nuevo y también una exacerbación de sus posibilidades.

Sin duda, en este marco se inserta la introducción al Poema del Niágara que escribe José Martí. En que confronta  la paradoja, en un mundo en que aparece “Una naturaleza contradictoria” en una “época de elaboración y transformación espléndidas[3] en que especialmente los poetas se ven desconcertados, pero no en la medida de la ingenuidad, sino en el cambio de escenario intelectual. Desde, incluso, el espacio físico y temporal íntimo del escritor, del intelectual, que ya no puede (y quizás no quiere) hacerse cargo de “tocar todas las verdades” (como Andrés Bello que lo asumía como misión fundacional) . Los ritmos del mundo moderno, en que citando a Marx parecería que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, hacen que las preocupaciones sean más específicas y mutables. Ya no se puede aspirar a crear obras de un orden mundial, de verdades generales y permanentes, la velocidad de los cambios impide a los intelectuales (y en buena hora) en un cubículo personal generar grandes creaciones generales. Martí nos presenta entonces un escenario móvil e incierto. Pero nuevamente como experiencia y oportunidad. Nos dice el odio es inmóvil, al amor no.

Martí también nos señala o da a entender una cierta especialización del trabajo intelectual y/o literario hay “un desmembramiento de la mente humana”, ya no podemos arrogarnos la ambición de tocar todas las verdades. Otro escenario es el de Martí, ahora uno más disgregado, no hay un “Pangea intelectual”. “Otros fueron los tiempos de las vallas alzadas; éste es un tiempo de las vallas rotas”.

Pero también y en perfecta concordancia con lo anterior José Martí nos anuncia la nueva estética intelectual que representa la prensa, y que en esta nueva deriva continental del pensamiento moderno inserta en el proceso de modernización se permite que “El periódico desflora las ideas grandiosas”. Las ideas son muchas y mutables a ritmos hasta entonces insospechados. Este escenario planteado por Martí también asume la expansión del acceso a la cultura. “Ha entrado a ser lo bello dominio de todos”. Hay una incipiente idea de cultura de masas y de fin del positivismo y las eminencias.

Es a la luz de la lectura del texto de Martí, que constato también una mayor sensibilidad en el terreno de las palabras, los sentimientos son más y más profundos. Hay una mayor conciencia del escritor como tal, mana la figura de un escritor moderno. Figura solitaria, no tan política (en el sentido de Bello o Sarmiento por ejemplo), más marginal, más problemático – problematizador ya que se vincula incómodamente con su contexto. Sin ganas de echarse encima su peso histórico y cultural (a diferencia de Bello), es un escritor más atormentado, más frágil, oscilante. Hay añoranza de viejas hazañas por un lado, pero hay esperanza en el trabajo “disgregado – abarcador” en el diario como nuevo dispositivo cultural. En definitiva también emerge o se erige un sujeto más a merced del mercado en una experiencia contradictoria con la modernidad.


[1] Berman, Marshall: “Brindis por la modernidad”. En: Casullo, Nicolás (compilador); El debate modernidad-posmodernidad. Buenos Aires. Ediciones Punto Sur. 1989. Pp. 67-91

[2] Habermas, Jürgen: “La modernidad: Un proyecto incompleto”. En: Casullo, Nicolás (compilador); El debate modernidad-posmodernidad. Buenos Aires. Ediciones Punto Sur. 1989. Pp. 136-235

[3] Todas las citas en cursiva corresponden a Martí, José: “El Poema del Niágara” (extracto). En Obras Completas, vol. 7. La Habana. Editorial Nacional de Cuba, 1963. Pp. 221-231.

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