La crisis de la “cultura letrada” en la escuela y Jesús Martín-Barbero

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La escuela en la actualidad (curiosamente utilizo esa palabra) al decir de Ken Robinson[1], sigue estructurada bajo la lógica ilustrada, decimonónica y unidireccional de antaño, lo que conlleva a que podamos constatar ciertos desajustes en lo que se enseña, como se enseña y el contexto en que ese proceso de enseñanza-aprendizaje se instala. Contexto que a decir de José Joaquín Brunner  (sociedad de la información y el conocimiento) se caracteriza por que “hoy estamos a las puertas de una revolución educacional. Tanto en el contexto en que opera la escuela, como los propios fines de la educación, están siendo transformados drástica y rápidamente por fuerzas materiales e intelectuales que se hallan fuera del control de la comunidad educacional y cuyos efectos sobre ésta serán inevitables. En primer lugar, el conocimiento deja de ser lento, escaso y estable. Por el contrario, está en permanente proceso de expansión y renovación. Se estima que la riqueza global del conocimiento acumulado se duplica actualmente cada cinco años. La Universidad de Harvard demoró 275 años en completar su primer millón de volúmenes; reunió el último en solo cinco años.  Las revistas científicas han pasado de diez mil en 1900 a mas de cien mil en la actualidad.  En el caso de las matemáticas, un analista señala que se publican anualmente 200.000 nuevos teoremas. Y las publicaciones de historia de sólo dos décadas –entre 1960 y 1980-  son más numerosas que toda la producción historiográfica anterior, desde el siglo IV a.C.  También la especialización es cada vez más pronunciada y pulveriza el conocimiento hasta el infinito. Un estudio de comienzo de los años noventa identifica 37.000 áreas activas de investigación científica, todas ellas en plena ebullición. Sólo en la disciplina de las matemáticas existen más de 1.000 revistas especializadas, las cuales califican la producción  de la disciplina en 62 tópicos principales, divididos,  a su vez, en 4.500 subtópicos”[2]

Dentro de este marco se producen ruidos e incluso choques entre los estudiantes afectados (término que utilizo sin carga negativa) por la mayor cantidad de estímulos que se hayan visto en la historia y una escuela que todavía es depositaria  de la tradición letrada que por su propia anacronía transforma, sin quererlo, al libro en enemigo del estudiante.

En ese sentido la opinión de Jesús Martín-Barbero adquiere importancia al señalar que no podemos culpar la (obvia) seducción de las tecnologías (yo no puedo, me distraigo al escribir este ensayo con las mismas), sino al equivocado enfoque que damos a la significación de la palabra escrita como rectora del modo de comprender el mundo cual astro en torno al cual todo conocimiento válido, formal y acreditado debe girar. La escuela sigue esa línea. Se condena a la tecnología, se lucha contra el smartphone, se utiliza el laboratorio de computación en momentos acotados y con una intención clara de validar un uso teatral de la tecnología (al decir de Martín-Barbero un “uso instrumental”), que no integra naturalmente a las mismas en el proceso de enseñanza-aprendizaje, no haciéndose cargo del significado que tienen en el contexto actual, haciendo resistencia inútil ante estos nuevos dispositivos culturales que han llegado para quedarse.

¿Qué hacer?. Martín-Barbero propone dos salidas interesantes. La primera tiene que ver con una discusión respecto de la inclusión de las tecnologías, que implica necesariamente una revisión del enfoque del ecosistema comunicativo del que tiene que hacerse cargo  la escuela y una bajada de dicha discusión a los PEI de la misma.

Al respecto me gustaría hacer dos apreciaciones relativas al contexto chileno. En primer lugar en Chile llevamos tiempo discutiendo el ¿cómo enseñar? Pero no hemos vuelto a revisitar el ¿qué enseñar? O ¿para qué enseñar? En ese sentido el texto de Marín-Barbero me hace sentido, porque finalmente la discusión respecto del cómo enseñamos se dirige justamente a aspectos instrumentales de la educación y no afecta a la matriz (también en el entendido que lo define Martín-Barbero en el texto “Lo popular que nos interpela desde lo masivo” al decir que matriz “no es evocar lo arcaico, sino hacer explícito lo que carga el hoy”) que es justamente donde se aloja el sentido que la educación debería tener respecto a lo que significa que siga funcionando en una sociedad de la información y el conocimiento. Mal que mal si bien autores como Bourdieu[3] señalan que la escuela tiene efectos reproductores hay quienes sugieren desde el nicho de la pedagogía crítica que es la escuela justamente LA institución que tiene capacidad de transformarse a sí misma y los profesores deben ser “intelectuales transformativos”[4]. Todo lo anterior me lleva a pensar en una potencialidad en un momento en que el debate nacional gira en torno a educación, ¿Por qué no revisitar la matriz educativa e interpelarla respecto de su relación con las tecnologías, a su ecosistema comunicativo y su anquilosada pleitesía a la palabra escrita?. El momento histórico es llano.

Respecto del segundo punto algo ya señalé, los profesores si se asumen como “intelectuales transformativos” pueden y deben repensar la escuela en esta clave significante y simbólica que significa la “institución educativa” en la “sociedad de la información y el conocimiento” no derogando la palabra escrita, sino resignificándola y haciéndose cargo de la integración natural, no disruptiva de los nuevos dispositivos culturales tecnológicos en sus proyectos educativos, que mal que mal, constituyen la promesa, que debería ser contextualizada y flexible,  que realizan a su comunidad escolar y que tiene la obligación de cumplir.


[2] Brunner, José, Joaquín Citado en Magendzo, Abraham ( 2008): Dilemas del currículum y la pedagogía: Analizando la Reforma Curricular desde una perspectiva crítica. Santiago. Lom ediciones. P. 27.

[3] Bourdieu, Pierre, et. al.(1998): La Reproducción: Elementos para una teoría para el sistema de enseñanza. Fontamara, México y Bourdieu, Pierre (2008): Capital cultural, escuela y espacio social. Siglo XX!, México.

[4] Giroux, Henry(1997): Los profesores como intelectuales transformativos. Pp. 60-66.En http://www.colegiodeprofesores.cl/docencia/pdf/15web/Profesion%20Docente15/Henry%20A.%20Giroux-15pdf. Giroux, Henry(1995): Teoría y resistencia en la educación: una pedagogía para la oposición. Siglo XXI, México, 1995.

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